Auge, caída y sus representantes en Argentina
Hola, ¿Cómo estás?
Ojalá pueda traerte mis obsesiones de turno más seguido. Como sea, gracias por estar ahí y por darme tu tiempo, te prometo que no lo vas a malgastar. Primero que nada, bienvenido a esta nueva página web. Sentía que la maravillosa app y web de Substack se quedaba algo corta para lo que quería hacer, así que luché contra empleados centroamericanos subcontratados, varias inteligencias artificiales y desembolsé dinero del cual no me arrepiento para que hoy estemos reunidos acá.
Para iniciar, vamos a estrenar una sección. Sonoteca es un espacio en el que vamos a trazar una línea temporal sobre un género musical y te voy a dejar recomendaciones de discos y canciones para que puedas adentrarte, ojalá, en algo nuevo.
No hay mejor sensación que descubrir una banda nueva, ver la gran red de conexiones e inspiraciones entre artistas a lo largo de los años, descubrir guiños y referencias. Un disco que estaba olvidado incluso por los seguidores de la banda, que tal vez en el contexto de ser fan durante años termina por no gustarte, pero visto por fuera de su discografía y como un álbum aislado es una obra perfecta.
Nota: la sección siempre va a estar acompañada de una playlist curada de forma minuciosa por quien les escribe.
El sonido de Escocia, la piedra angular
Se le llama Sonido de Escocia, de la misma manera que existe el sonido de Seattle, a lo que sería el diferencial del género, lo nuevo, lo que resaltó dentro de la estética europea. El famoso Wall of Sound, esa pared de sonido que ya venía desde los años 50 de la mano de Phil Spector, inicialmente con orquestas, tomaría en los 80 un giro moderno. Capas, capas y más capas de guitarras llenas de reverb y distorsión, sintetizadores marcando melodías en el fondo y una voz enterrada en la mezcla que muchas veces parece susurrar y se vuelve casi imperceptible.
A mediados de la década del 80, en tierras escocesas, nacen dos bandas que fueron la piedra angular de los géneros antes mencionados. The Jesus and Mary Chain, como padres del shoegaze, y Cocteau Twins, más por el lado de lo que luego se llamaría dream pop. Ambas bandas son contemporáneas entre sí y en ese momento no existía una diferenciación marcada entre estilos, algo que recién se haría evidente en las bandas hijas de estas dos.
Finales de los 80
Con varios discos ya en el mercado, ambos “géneros” empezaron a tomar relevancia en países aledaños, sobre todo en Inglaterra e Irlanda. Vamos a tomar el desarrollo de tres bandas, una por “género” (más adelante explico la aparición de las comillas): My Bloody Valentine, Lush y Slowdive.
Me gusta pensar esto de un modo bastante hegeliano: My Bloody Valentine como shoegaze, Lush como dream pop y Slowdive como la síntesis de ambos. Empecemos a profundizar en todo esto antes de que se haga un lío. Dale. (Sí, lo sé, esto no es una charla, pero tampoco estás leyendo a Tolstói. Copate y seguí que te cuento).
Shoegaze: Melancolía íntima
El “shugeis”, así se pronuncia por si desde que empezaste a leer te lo estabas preguntando, nace a finales de los años 80. El nombre es extremadamente descriptivo. Muchos de sus músicos tocaban con la cabeza agachada mirando el suelo. Shoe significa zapato y gaze mirar. De ahí que en sus inicios se lo llamara shoegazing.
My Bloody Valentine, banda irlandesa luego radicada en Londres, se forma en 1983 bajo el nombre Burning Peacocks, alrededor de Kevin Shields y Colm Ó Cíosóig. Tras varios cambios de formación, encontraron su sonido propio a fines de la década. Guitarras densas y borrosas, voces etéreas y una obsesión casi enfermiza por la textura sonora. Shields desarrolló técnicas poco convencionales, como el glide guitar, y convirtió el estudio en un instrumento más.
El resultado fue Loveless en 1991. Meses interminables de grabación, costos desmedidos y una obra que redefinió cómo podía sonar una guitarra dentro del pop. Su impacto fue más profundo que inmediato. A comienzos de los 90, las juventudes estaban descubriendo del otro lado del océano un nuevo género que todavía no se había consolidado pero iba a dar mucho que hablar, el grunge. La melancolía íntima del shoegaze no pudo competir con el enojo y los riffs pesados de las bandas de Seattle. Sumado a la atención que estas generaron para MTV y para sus bolsillos, el resultado fue claro. El shoegaze británico quedó relegado al olvido durante varios años.
Dream Pop: belleza y contraste
Si el shoegaze apostaba por la introspección y la densidad, el dream pop tomó algunos de esos elementos y los llevó hacia un lugar más melódico y accesible. Las guitarras seguían siendo protagonistas, pero el ruido cedía espacio a la armonía. Las voces ya no estaban tan enterradas en la mezcla y la estructura de las canciones era más reconocible. El clima seguía siendo etéreo, pero con un pulso más cercano al pop.
Lush se forma en Londres a fines de los años 80, alrededor de Miki Berenyi y Emma Anderson. En sus primeros años, la banda se movía dentro de una escena todavía difusa, compartiendo escenarios y público con grupos que luego serían etiquetados como shoegaze. Sus primeros EPs, Scar y Mad Love, muestran un sonido cargado de reverb, guitarras brillantes y melodías simples pero efectivas, con una clara influencia de Cocteau Twins, aunque con un enfoque más directo y menos abstracto.
El primer álbum, Spooky, producido por Robin Guthrie, terminó de definir esa identidad inicial. Canciones cortas, atmósferas envolventes y un equilibrio constante entre delicadeza y ruido. A diferencia de My Bloody Valentine, Lush nunca llevó la experimentación sonora al límite, sino que apostó por un formato más amable, lo que les permitió mayor visibilidad dentro del circuito alternativo de principios de los 90.
Con el avance del britpop y el cambio de clima cultural en Inglaterra, ese sonido empezó a quedar fuera de época. Lush intentó adaptarse en trabajos posteriores, pero sus primeros años quedaron como el registro más claro de lo que el dream pop podía ofrecer en su estado más puro.
Slowdive: el punto de encuentro
Si My Bloody Valentine representó el costado más denso del shoegaze y Lush el enfoque más melódico del dream pop, Slowdive apareció como el punto intermedio entre ambos mundos. Formados en 1989 en Reading, tomaron la textura y la introspección del shoegaze, pero con un desarrollo más pausado y contemplativo.
En sus primeros años, fueron rápidamente encasillados dentro del shoegaze, aunque su propuesta se alejaba del ruido extremo. Las guitarras seguían siendo envolventes, pero al servicio de climas largos y repetitivos. Las voces de Neil Halstead y Rachel Goswell no buscaban imponerse, sino integrarse como un instrumento más dentro de la atmósfera general.
Just for a Day mostró una banda todavía en búsqueda, pero fue Souvlaki el disco que terminó de consolidar su identidad. Lanzado en 1993, en pleno auge del britpop, fue ignorado por la prensa inglesa. Con el tiempo, se convirtió en una referencia central tanto para el shoegaze como para el dream pop. Slowdive logró unir melancolía, melodía y experimentación en una forma que terminó siendo más influyente que muchas de sus bandas contemporáneas.
eco en el cono sur
Antes de hablar de casos locales, vale una aclaración que atraviesa todo lo anterior. Cuando hablamos de shoegaze y dream pop como “géneros”, lo hacemos más por comodidad que por precisión. No se trata solo de distorsión, reverb o fórmulas sonoras, sino de una época y de una forma de pensar la música desde la introspección, el clima y la textura, por encima del virtuosismo o del golpe inmediato. Por eso, sus límites nunca fueron del todo claros y sus influencias aparecen filtradas por contextos y escenas distintas. Parte de ese legado también se desplazó hacia el rock alternativo de los 90, dejando huellas en bandas como Smashing Pumpkins o Dinosaur Jr. y más adelante en ciertas sensibilidades del emo, donde la emoción volvió a ocupar un lugar central.
En Argentina, ese espíritu se manifestó de forma temprana en Dynamo de Soda Stereo. Más que un disco shoegaze en sentido estricto, fue una apropiación estética. Capas de guitarras, canciones construidas desde el clima y una referencia clara a lo que estaba ocurriendo en Inglaterra a comienzos de los 90. En su momento fue un disco divisivo, pero con el tiempo se volvió clave para entender cómo estas sonoridades podían adaptarse al contexto local.
A mediados y fines de los 90, Juana La Loca, en sus primeros años, retomó esa sensibilidad desde un lugar más cercano al pop, combinando melodías simples con atmósferas densas y una emocionalidad directa. Sin buscar replicar el sonido británico, lograron capturar esa lógica de canción envuelta en capas.
En una etapa más reciente, bandas como Fin del Mundo, El Club Audiovisual y Nenagenix recuperan esa herencia desde una escena distinta, marcada por el indie y la circulación digital. En todas ellas, el shoegaze y el dream pop no aparecen como etiquetas, sino como una forma de escuchar: priorizar el clima, la emocióny la texturapor encima del golpe inmediato.
Muchas gracias por leerme. En esta nueva etapa vas a poder comentar de forma directa las publicaciones y, si te interesa, también sumarte al proyecto. En la web tenés toda la información, te invito a que la recorras con tiempo.
Todavía hay algunos detalles en ajuste, así que te recomiendo abrirla desde una computadora ya que se aprecia más.
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